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La larga batalla de Repsol YPF

Publicado el 2 de abril de 2012

 
 

Opinión por Fernando García Monleón

Vicepresidente de la Cámara de Comercio Ibero-Rusa. Socio de la consultora FiveWorld.


 

Desde que a finales de agosto del pasado año, Luis del Rivero, presidente de Sacyr Vallehermoso, el primer accionista de Repsol YPF, anunciase su pacto de sindicación con la petrolera PEMEX, que además implicaba que ésta incrementaría su participación del 4,8% al 9,8% en la petrolera española, todo han sido sobresaltos para Repsol.

A partir de ese momento se desata una lucha de poderes en el seno de Repsol por hacerse con el control, de un lado se encuentran los que apoyan al presidente Antonio Brufau y del otro, los que apoyan la facción formada por Sacyr y PEMEX.

La razón que parece subyacer a este conflicto no es tanto una cuestión de estrategia empresarial o un mero deseo de poder, motivaciones que por otro lado es cierto que podían estar presentes, sino la acuciante necesidad para Sacyr de poder hacer frente al crédito de 4.908 millones de euros que vencía el 21 de diciembre, derivado de la adquisición de las acciones de la petrolera a finales de 2006 el cual no parecía que pudieran afrontar ya que la crisis inmobiliaria había dejado muy tocado al grupo Sacyr Vallehermoso.

Esta lucha de poder puso en jaque no solo a las empresas implicadas sino a los mercados, lo cual llevó a que el entonces ministro de industria Miguel Sebastián tuviera que intervenir para garantizar que la “españolidad” de la compañía fuese mantenida.

La solución al conflicto vendría cuando las tensiones internas que sufría también Sacyr ante el problema de la refinanciación de su deuda, llevaron a que Luis del Rivero perdiera apoyo dentro del seno de su propia compañía y fuera destituido como presidente hacia finales de octubre. El relevo en el mando fue asumido por el hasta aquel entonces vicepresidente Manuel Manrique con una nueva orientación más conciliadora de cara a la resolución del conflicto, que acabo finalmente con la reventa a Repsol de un 10% de sus acciones para reducir deuda y facilitar la refinanciación, y la ruptura del pacto de sindicación con PEMEX.

Finalmente, el 21 de diciembre Sacyr pudo refinanciar su deuda, PEMEX firmo un nuevo acuerdo de colaboración con Repsol y el conflicto quedó resuelto, aunque la paz para Repsol no sería duradera ya que el 16 de enero comenzaba una nueva batalla, esta vez con el gobierno argentino, que comenzaba el año demandando a Repsol, Shell, Esso, Petrobras y Oil, por abuso de posición dominante en el precio del gasóleo de venta a granel.

Repsol, con una cuota de mercado del 75% y por tanto principal afectada por la demanda, procedió a rebajar los precios del combustible para cerrar el conflicto.

Pero las cosas empeoran considerablemente para Repsol YPF cuando el 30 de enero, a través del diario argentino Página 12, muy cercano al gobierno, se difunden por primera vez rumores de nacionalización.

Echando aún más leña al fuego, el 2 de febrero se presentan nuevas acusaciones hacia las petroleras, que debido a una supuesta insuficiente inversión productiva han hecho que Argentina pasara en unos años de la autosuficiencia a tener que importar por una suma de 9.396 millones de dólares en 2011.

El continuo incremento de las tensiones lleva a que Antonio Brufau, tenga que desplazarse a Buenos Aires el 4 de febrero para intentar apaciguar las hostilidades con el gobierno argentino, aunque las gestiones tiene escaso éxito ya que a mediados de febrero Repsol vuelve a ser demandada, en primer lugar por el fisco argentino que le reclama una deuda de 20 millones de dólares y después por Aerolíneas Argentinas que acusa a la petrolera española de abuso de posición dominante en el precio que al que suministra el combustible de aviación JP1.

Tras los numerosos contenciosos abiertos con el gobierno central, el siguiente capítulo en las desgracias de Repsol YPF, lo abren los gobiernos locales, que comienzan a retirar concesiones a YPF alegando que la petrolera no está invirtiendo en infraestructura productiva y ello acentúa la dependencia energética de Argentina con el exterior. La primera en entrar en la liza es la provincia de Chubut gobernada por Martin Buzz, y le siguen las provincias de Santa Cruz, Mendoza, Río Negro, Neuquen y Salta que decretan la caducidad anticipada de las concesiones de varios de los yacimientos situados en su territorio.

YPF, intenta defenderse de las acusaciones de escasa productividad, con el descubrimiento de tres nuevos pozos en la provincia de Mendoza, como consecuencia de su plan plurianual de inversiones 2010-2014, aprobado en 2009.

En este contexto es inevitable que surjan varias cuestiones:

¿Por qué le está ocurriendo ahora todo esto a Repsol que hasta épocas muy recientes era presentada como modelo de empresa en Argentina?

Las lecturas son varias, y no necesariamente mutuamente excluyentes, en primer lugar, quizá Repsol ha marginado en cierta medida los intereses de Argentina centrándose solo y exclusivamente en los de la corporación Repsol YPF, ya que la mayor parte de los beneficios salen al exterior y no se reinvierten en el territorio.

Aunque no es menos cierto, y seguramente ha tenido su influencia, el hecho de que Argentina vive en estos momentos una situación económica complicada, caracterizada por el déficit energético y de balanza de pagos, que está secando las reservas de divisas de Argentina  y sobre todo por una inflación galopante del entorno del 40%, que se niega a reconocer oficialmente, y así las cosas, la guerra contra Repsol YPF es un argumento muy socorrido para desviar la atención.

Por otro lado, el constante desgaste que está sufriendo la petrolera como consecuencia del asedio del gobierno, está haciendo que su cotización bursátil se vea resentida, y eso permitiría en el caso de que el gobierno argentino, finalmente tomase la decisión, adquirir una participación en YPF a un precio más ventajoso.

¿Cuáles son las posibles opciones tanto para el gobierno argentino como para Repsol en este contencioso?

Por un lado sigue planeando la amenaza, ni confirmada ni desmentida, de la nacionalización de YPF. Desde luego esta es una opción que Repsol no desea y que para el gobierno argentino tampoco es la mejor ya que saldría muy cara y no estaría exenta de ciertos riesgos.

Que el gobierno toeo una participación significativa en YPF, esta opción es más sencilla, barata y entraña menos riesgos, y le permitiría al gobierno tener una mayor influencia en el destino de la compañía, además casa perfectamente con el régimen actual de retirada de concesiones, ya que ello está perjudicando la cotización en bolsa de la petrolera y de esa manera abarataría la operación. En este momento esta es la opción que suena como ganadora.

También cabe la posibilidad de que Repsol acceda a transigir con las exigencias de las provincias y acometa las inversiones productivas que se le están marcando, aunque para ello habría que ver dos cuestiones, la primera de ellas, si es posible rentabilizar dicha inversión ya que en muchos casos se trata de yacimientos ya maduros y por ende muy explotados que requieren grandes inversiones, la segunda, si Repsol puede afrontar tal nivel de inversión, y si la respuesta es no, a quien acudir, al respecto de lo cual la respuesta sería hacer lo que están haciendo multitud de empresas y países, acudir a los chinos.

Veremos en que se salda este conflicto, aunque por el momento los daños son ya cuantiosos para Repsol YPF que ha perdido cerca de un 15% de sus yacimientos en el país y ello se he reflejado en el castigo que le han aplicado los mercados.

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